El miedo al futuro dispara los recelos hacia la innovación

La percepción de la innovación en España se ha deteriorado. Si en 2017 el 89% de la población tenía una visión positiva, en 2018 el porcentaje descendió hasta el 80% y, un año, después, cayó hasta el 73%. Esto significa que en tan solo dos años la confianza de los ciudadanos de nuestro país en la innovación ha retrocedido 16 puntos. Así lo revela la «III Encuesta de percepción social de la innovación en España», realizada por Sigma2 y Fundación Cotec a partir de 2.404 entrevistas telefónicas a personas mayores de edad de todo el territorio nacional, que fue presentada la semana pasada en Madrid.

Jorge Barrero, director general de la Fundación Cotec, indicó que detrás de este descenso «hay un componente que pudiera estar afectando y es el efecto que la innovación pudiera tener en la igualdad». De hecho, es mayoritario el grupo de ciudadanos que considera que la tecnología aumenta la desigualdad social (55%), un porcentaje, eso sí, muy similar al de 2017 (57%). Barrero también destacó que «estamos asistiendo a un momento complejo, en el que la velocidad a la que están ocurriendo ciertos cambios está provocando que para muchas personas sea difícil asimilarlos y comprenderlos». Asimismo, señaló que «en otros momentos de la historia la utopía ha dominado la visión del futuro y en esa utopía estaba implícita la tecnología. Ahora las visiones distópicas están dominando el discurso político y el debate social».

La pérdida de confianza no se ha producido por igual entre los diferentes colectivos analizados. En los hombres, solo ha bajado 12 puntos, mientras que entre las mujeres se ha desplomado 21 puntos, desde el 89% de 2017 hasta el 68% de 2019. Por edades, son los jóvenes de 18 a 20 los que registran el mayor retroceso (23 puntos), seguidos de los individuos de 65 años en adelante (21 puntos).

El nivel de estudios es otra de las variables que tienen una incidencia clara en la percepción de la innovación: a mayor nivel de formación, más confianza. De este modo, el 84% de quienes están en posesión de un título de doctor piensa que la innovación es positiva, un porcentaje similar al de 2017 (10%). En el lado opuesto, solo la mitad de los encuestados que cuentan con estudios primarios tiene una visión favorable de la innovación, frente al 82% del año 2017. «Esta brecha, que ya existía en el año inicial del estudio, ahora se ha ampliado hasta los 34 puntos», subrayó Aleix Pons, director de economía de Cotec.

Sobre la incidencia que tendrán los avances tecnológicos en el mercado de trabajo, menos de la mitad de los españoles (47%) está convencido de que la pérdida de puestos de trabajo se compensará con la creación de otros nuevos, una cifra que apenas ha cambiado desde 2017 (43%).

Se constata, además, la sensación de los ciudadanos de que están preparados para las exigencias del futuro mundo laboral: el 64% dice sentirse capacitado para competir en un mercado de trabajo automatizado, un porcentaje que se ha mantenido inalterado desde 2017. Sin embargo, entre quienes creen que no están capacitados, hay un mayor porcentaje de mujeres (38%) que de hombres (30%). «En esta encuesta, como en tantas otras, aparece el típico sesgo de confianza que caracteriza a las mujeres», advirtió Jorge Barrero. Y prosiguió: «¿Significa eso que estén peor preparadas para abordar el cambio o que son más conscientes del cambio y más prudentes a la hora de dar una respuesta?».

Uno de los grandes retos que plantea el cambio tecnológico es la adaptación del sistema educativo a las necesidades reales de las empresas, cuestión acerca de la que también se preguntó en la encuesta. Dos de cada tres españoles considera que existe un «gap» entre la formación recibida en los centros de enseñanza y lo que demandarán la futura sociedad tecnológica.

Mayor inversión en I+D+i

España debe mejorar, según la percepción de sus ciudadanos, en el liderazgo innovador dentro de Europa. En 2019, solo un 6% de los entrevistados defendía que nuestro país se encontraba en el grupo de los más avanzados de la Unión Europea. El 57% consideraba que estaba en la media, mientras que el 33% respondía que se enmarcaba en el grupo de países menos avanzados del Viejo Continente.

Pero si hay algo en lo que existe un predominio aplastante es en la creencia de que tanto el sector público como el privado deberían acometer una mayor inversión en I+D+i. Así, ocho de cada diez ciudadanos coincide en que la actual inversión es insuficiente. «Se corresponde con la realidad. El gasto en I+D es un 1,24% del PIB, por debajo del 2,1% que presenta Europa», recordó Pons.

Fuente: www.abc.es

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